Mato, peco y como

por Beatriz Batista

“Si existen hombres que a cualquiera de las criaturas de Dios del amparo de la compasión y la misericordia, existirán hombres que tratarán a sus hermanos de la misma manera”.

San Francisco de Asís

Animales en el cristianismo 

El siglo XXI está contrastado por el Occidente cristiano eclesiástico y la arrogancia frente a culturas de épocas antiguas y contemporáneas. Además, no ha existido otro momento histórico que mate, peque y coma más animales como este siglo.

“No matarás”(Éxodo 20: 13) es uno de los diez mandamientos dados al pueblo hebreo y que aún sigue vigente en el ámbito cristiano. En el diccionario hebreo-inglés, el Dr. Rubén Alcalá plantea que la palabra “lo tirtzach” (לֹא תִרְצָח), que se traduce como “no matarás”, se refiere a cualquier clase de matanza y no necesariamente al asesinato de un ser humano.  En un primer momento, la interpretación de Alcalá puede indicar que quienes obedecen no matan personas ni animales, pero sí comen carne. Sin embargo, esto trae una contradicción: “yo no mato porque peco, pero otro peca, mata, y yo como”. 

Una segunda lectura es que quienes obedecen se abstienen no solo de lo fácil que puede resultar no matar a una persona y animal, sino también de lo difícil que puede ser no comer carne. No obstante, esta interpretación no es válida. En ese tiempo, Dios exigía diversos sacrificios de animales, envió codornices para que el pueblo comiera. Luego, en el Nuevo Testamento, Jesús hizo el milagro de que unos pescadores tuvieran una gran pesca, multiplicó los panes y los peces para que una multitud comiera. Además, está la visión que tuvo Pedro de “mata y come” en Hechos 10: 13-15, lo cual indica la matanza de animales para el consumo alimenticio. En resumen, Dios no pondría un mandamiento de no matar animales y luego pondría su mano en las acciones antes mencionadas.

La interpretación más correcta y divulgada dentro del cristianismo es que la verdadera interpretación de “No matar” se refiere a no matar física y verbalmente a las personas. Es por esto que Jesús dice que quien odia o se enoja con su hermano es como el que mata (Mateo 5: 21-26). Por ende, lo anterior justifica que lo común en los cristianos es cero maltrato animal acompañado de un consumo moderado de carne. Por otra parte, hay una minoría de cristianos que son vegetarianos o veganos porque la dieta primera, la diseñada por Dios en el jardín del Edén es la de los frutos del campo. Para ello se basan en el fragmento bíblico de Génesis 1:29 y 30.

En el inicio bíblico, como ya se dijo, tanto los animales como la primera pareja humana, tenían una dieta vegetariana, por ende, no habría ninguna matanza de animal. Sin embargo, cuando Adán y Eva pecaron Dios los vistió con túnicas de pieles (Génesis 3: 21), lo que significó el primer sacrificio animal. Luego, Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios, pero el de Caín no fue aceptado porque llevó frutos del campo, mientras que el de Abel sí porque“trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de los más gordos de ellas” (Génesis 4: 4-5). Después que el diluvio cesó, Noé sacrificó animales a Dios en un altar (Génesis 8: 20-21). 

Más adelante, en la historia bíblica, Dios exige el sacrificio de animales (Levítico 4 y 5), pero ¿para qué Dios necesitaba sacrificios de animales? Por muy contradictorio que parezca, Dios requería el sacrificio de animales para la expiación de los pecados de los sacerdotes y el pueblo y su posterior perdón. El animal servía como sustituto, es decir, el animal moría en lugar del pecador. También se explica en Hebreos 9: 22 que “sin derramamiento de sangre no hay perdón”. En otros versículos de la Biblia, pero ya ubicados en el Nuevo Testamento, argumentan que todos los sacrificios de animales por los pecados cesaron con Jesús porque lo hizo una vez y para siempre, ofreciéndose a sí mismo (Hebreos 7: 27) y quedó como el único mediador entre Dios y los hombres (1era Timoteo 2: 5).

En cuanto a Jesús, ¿era él vegetariano? Producto de la caída, muchas cosas cambiaron en el mundo creado, entre ellas la dieta vegetariana. En Génesis 9: 2 y 3, luego del diluvio, Dios dispuso que los frutos del campo y los animales sirvieran al mantenimiento del hombre. Así que Jesús no era vegetariano; se relata que comía pescado (Lucas 24:42-43) y cordero (Lucas 22:8-15). 

En conclusión, según las creencias cristianas, los creyentes pueden decidir entre consumir carne, ser vegetarianos o veganos, pues no hay ningún mandamiento que ordene lo uno o lo otro. No obstante, esto no indica que se apruebe el maltrato animal, pues el cuidado de los animales también se concibe en el libro de Levíticos. Lo que sí plantea la Biblia en el Nuevo Testamento es que no se debe imponer las convicciones sobre este asunto, o juzgar a otros por lo que comen o no comen: “Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido” (Romanos 14:2-3).

Animales en el catolicismo 

La inquisición eclesiástica del medioevo para comprobar la creencia de las personas las obligaba a matar públicamente a un animal; sospechaba de ellos por su aspecto pálido, el cual lo relacionaban con la alimentación vegetariana; si ellas se negaban, las colgaban. Del año 1051 se relata que la convención de obispos de Goslar impuso la pena de muerte a algunos cristianos originales que se negaban a matar gallinas:“Si alguien considera como impuro alimentarse de carne, que Dios le ha dado al hombre para su consumo […] renuncia a ella […] este sea excomulgado”. Una excomulgación papal es lo más parecido a una condena de muerte, ya que tenía como consecuencia el destierro. El condenado era excluido de la sociedad, perdía todos sus derechos y cualquiera lo podía matar sin recibir castigo alguno. 

El 14 de enero de 1990, en su alocución dominical, publicada en L’Osservatore Roman, el papa Juan Pablo II dijo: “los animales poseen un alma y los seres humanos deben amar y sentirse solidarios con nuestros hermanos menores”. No obstante, curas y párrocos bendicen a toreros, incluso patrocinan festejos donde sacrifican animales en honor a sus santos y vírgenes. En estas celebraciones se maltrata salvajemente a toros, vaquillas y becerros de corta edad. Luego sacan a la virgen en procesión con la bendición del párroco de la iglesia. Y en una plaza de toros se ensañan con animales indefensos, torturándolos terriblemente para después darles una muerte agónica de 15 o 20 estocadas. 

Si los animales están considerados como nuestros hermanos menores, nuestros prójimos, ¿es correcto bendecir a quienes por diversión los asesinan con sus estocadas? ¿Estaba equivocado Juan Pablo II cuando afirmaba que los animales tienen almas? Entonces, ¿es posible que en la iglesia los animales sean merecedores del paraíso en el otro mundo, y en la tierra los creyentes los obliguen a vivir en un infierno?

Interesante resulta que el papa Pío V, en 1567, promulgó una bula papal, un decreto contra los encierros y corridas de toros. En el decreto se excomulga y se niega sepultura cristiana a los toreros y aficionados por considerar estos espectáculos propios del demonio. En 1920, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Gasparri recordó: “La iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y bochornosos espectáculos”. En 1989, el monseñor Canciani, entonces consultor de la congregación para el clero de la Santa Sede, declaró públicamente la validez de la bula.

“Pero los que sacrifican toros son como los que matan hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo, y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones” (Isaías 66: 3).  En este tiempo, aún Cristo no se había sacrificado por los pecados de la humanidad, por lo tanto, estaban vigentes los sacrificios, entonces, ¿a qué se refiere este texto? Si se toma en cuenta el versículo anterior y el que le sigue, o sea, se tiene en cuenta el contexto, lo que condena Dios es el ofrecer un buey sin la comprensión espiritual que tenía o si alguien ofrecía un buey solo por ofrecer y sin ser consciente de su significado y que más que sacrificios Dios deseaba obediencia, ese hecho sería lo mismo que un asesinato.

Pero, ¿qué sucede en la sociedad, por ejemplo, cuando en honor a San Vicente cada año se lanza, desde la torre de la iglesia en Manganeso de la Polvorosa, una cabra viva?, ¿o cuando para Navidad y Pascua se consumen religiosamente innumerables animales atrozmente engordados? ¿Qué legado se está construyendo si, por ejemplo, en Francia, mayoritariamente católica, la Asamblea Nacional en el año 2005 declaró como herencia cultural el Foie de grass, donde los gansos son alimentados de manera forzosa mediante mecanismos crueles?, ¿o cuando en la Plaza de San Pedro de Roma todos los años son bendecidos por el papa los animales previo a su degüello en los mataderos?

Estas acciones suceden por la enseñanza teológica errónea que justifica el terrible comportamiento de los humanos frente a los animales, evidenciado en el documento Catecismo de la iglesia católica, apartado 2417 y 2418:

“2417- Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se les puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantiene en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418- Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente”. 

Las religiones son para y por los hombres, el hombre las reinventa a su antojo: reforma antiguas, hace nuevas; va de extremos fundamentalistas hasta los liberales, pero en sus tratados y escrituras sagradas continúa importando solo una única cosa: el hombre. Tal pareciera que cuando algunas religiones, plurales, pacíficas, hacen licitaciones para ellas, bajo la consigna de que surgieron para salvar a la humanidad, no incluyen a los animales. Quizás, si los animales tuvieran una religión, el sacrificio para los humanos sería precisamente el mismo ser humano. Mientras, continuamos matando, pecando y comiendo animales.  

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