De las tinieblas a la luz

Tommy actualmente posando para “El Refugio”. (José Iván)

“El don de la misericordia es doblemente bendecido. Bendice a quien la da y a quien la recibe”. 

William Shakespeare

Él estaba abandonado en la calle, sin nombre, aunque muchos pasaban y le llamaban “Pobrecito”. En plena avenida 41, en Playa, se encontraba tan desalentado y enfermo que había desistido de luchar por vivir. Era solo un perrito de casi dos meses y ya se había rendido. Su cuerpo lleno de escabiosis, con lesiones y hasta quemaduras permanecía inmóvil, únicamente se movía para acercarse más al peligro, como si pensara que solo la muerte era su descanso. 

El rechazo de muchos lo había destinado a la inexistencia, pero una buena samaritana pasó por allí y le vio “existiendo”. El empeño de él por rendirse fue suficiente para que Denisse, miembro del grupo PAC, lo rescatara para darle la esperanza de la vida. El amor cubre multitud de faltas: enfermedades, traumas, desaliento, y en Denisse, en Patricia que también le cuidó y en PAC había mucho amor. En un momento, pasó de ser “él”, “el pobrecito” a Tommy, otro perrito querido. 

Primera foto de Tommy al ser rescatado. (José Iván)

Durante semanas estuvo con tratamiento y luego de curar su maltrecha piel y restaurar su autoestima, el 14 de mayo de 2019, en la página web del grupo PAC, anunciaron parte de su historia para motivar a su adopción. En aquel entonces lo describieron así: “Como todo animal, es cariñoso, agradecido, ¡y juguetón como ningún otro! Tiene unos ojazos y unas orejas enormes que en conjunto lo hacen encantador. Le privan los gatos y se vuelve loco por jugar con ellos, aunque su cariño no suele ser recíproco”.

Por otra parte de nuestra Cuba, en Pinar del Río, una familia había sufrido la pérdida de su gatico Yunior. La niña de la casa estaba muy triste, así que una vez más decidieron adoptar para traer alegría al hogar. Más que cerrar el corazón, decidieron ser valientes y continuar disponibles para amar a un animalito y ser amados por él. Tampoco se trataba de reemplazar la ausencia de Yunior, sino de hacer más tolerable el que ya no estuviera.

Publicación realizada por PAC (Protección Animales de la Ciudad) para su adopción.

Irina e Iván, los padres de la niña, no eran nuevos deseando cambiar el mundo de los callejeros olvidados, ya ellos estaban en contacto por las redes con algunos grupos de protección animal que existían en La Habana, así que comenzaron la búsqueda por esta vía. Irina estaba atenta a las publicaciones; ella no quería hallar al cachorro más tierno, ni esperaba encontrar uno de raza, sino una vida que necesitara lo que ellos podían ofrecerle. Irina no tardó mucho en llegar a ese perrito que había yacido en la calle anhelando su último aliento. La historia fue suficiente para decir que Tommy sería el nuevo integrante de la familia. ¡Listo!  No pudo ver la imagen del post porque su móvil tenía problemas, pero ya lo sabía, ¡era él!

A diario, detrás del “yo quiero adoptar” hay miles de preferencias en cuanto a color, sexo, raza, tipo de pelo, tamaño, lugar de procedencia, estado de salud…, sin embargo, para Irina e Iván les fue suficiente la necesidad del perrito. Luego de esta decisión quedaba el obstáculo de la distancia, pero cuando de milagros se trata todo marcha como voces al unísono. Diez días después de ser puesto en adopción, a Carolina, la niña triste, le retornaba la alegría. 

Tommy con su familia adoptiva.

Cercano a los 5 meses de edad, Tommy seguía feliz; no era un objeto olvidado dentro de una casa, ni una planta sembrada en el patio, él era amado. El 6 de julio, en el grupo Huellitas de Amor su mamá adoptiva publicó unas palabras donde se cuantifica un poco ese amor: 

 “Ahora tengo toda una familia, mamá, papá, hermana, abuela y abuelo; todos me quieren y me miman, aunque creo que mi abuela prefiere a Gremlin, el gato. ¡Claro!, llegó antes, pero creo que me quiere también a mí, porque cuando hace pescado frito me da uno, ¡qué rico! Me encantan las chancletas y zapatos de papá; ¡tienen un olor! Y me gusta hacer pipí y caca en el pasillo recién fregado, ¡es que huele tan limpio! Ahí me regañan, pero les doy un lengüetazo y me dicen: ʽ¡Qué ternurita de ojitos!ʼ, y todo el enojo desaparece. ¿No creen que soy muy feliz?”. 

Unos días después, Tommy se enfermó con el temeroso parvovirus. Sus ojos tristes hacían que la familia pensara en un final lamentable y llevaban el corazón hecho trizas de la ansiedad. Sin embargo, semanas después, gracias a la ayuda de un montón de personas nobles y buenas, Tommy venció y pudo lucir nuevamente su sonrisa Colgate, como se le conocía.

Tommy también ha significado un nuevo camino para ellos, así lo expresa Iván al hablar de él: “[…] hicimos el viaje hasta allá y regresamos con otro niño a casa. De ahí hasta hoy, Tommy es el perrihijo varón que llena nuestro hogar. Siempre nos preguntamos cómo corresponder tanta dicha y qué mejor que dedicarnos en cuerpo y alma a darles una nueva oportunidad a esos animalitos que, como Tommy, fueron abandonados, maltratados y despojados de todo derecho y autoestima”. Actualmente, Iván e Irina se dedican a coordinar el grupo de bienestar animal BAC-Pinar y, siguiendo el ejemplo, Carolina y su perrihermano les dan la bienvenida y cuidan a los rescatados que son protegidos temporalmente en su hogar. 

Sin dudas, Tommy es testigo fiel del poder de la misericordia, del valor que hay en decir “Pobrecito” y actuar luego de la palabra; por personas como Denisse, Patricia, Carolina, Irina e Iván es que perritos como Tommy pasan de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.

Tommy en la actualidad.

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