Teoría de los derechos de los animales

por Javier Alejandro Larrea Formoso

Muchas son las posiciones al respecto cuando de protección animal se habla, ya sea por su contexto, los patrones comparativos entre las diferentes legislaciones (derecho comparado) o por la exposición de las bases teóricas doctrinales y psicológicas en cuanto al tema.

Desde la perspectiva teórico-jurídico moderna las teorías proteccionistas se han dividido en dos vertientes opuestas entre sí: la teoría de los derechos de los animales y la teoría bienestarista. Por la importancia que tienen ambas se va a dedicar dos números de la revista en nuestra sección jurídica para exponer su esencia y que el lector pueda sacar sus propias conclusiones.

Estas teorías se diferencian, en primer lugar, por el cómo ven a los animales, el enfoque que cada una da al respecto. La primera mencionada trata de asemejarlos a las personas, mientras que la otra los considera como animales que no pueden asemejarse a los humanos, pero se basa en el principio de no causarles sufrimiento redundante y de velar por la salud de los mismos.

Se iniciará con la teoría de los derechos animales, la cual ha recibido muchos halagos como también oposiciones, en dependencia de las épocas y los contextos en la que ha sido enmarcada, y que, además, ha tenido algunas modificaciones según el desarrollo de la sociedad. 

Un pensamiento filosófico inicial: Kant

Para comenzar a entender este mundo de los derechos animales es necesario acudir a la obra Lecciones de ética de Kant. Allí dedica un epígrafe a este tema y lo llama: “Los deberes para con los animales y los espíritus”. Kant no ve a los animales como titulares per se de derecho alguno, ni siquiera usa la palabra “derecho” para referirse a ellos. Kant huye de asemejar los animales a las personas, más bien lo que reconoce es una forma de “existencia de deberes de los hombres para con los demás miembros de la creación”.

Los animales no tienen consciencia —según Kant— y no pueden ser titulares de derechos, pero también valora que la naturaleza animal es análoga a la naturaleza humana. Teniendo en cuenta sus consideraciones, cuando se promueve el cumplimiento de los deberes de la humanidad se observan los deberes para con los animales, y cuando se descuidan los deberes para con los animales se marca un precedente que puede tener consecuencias perjudiciales en el entorno. Una manera de explicar esto es con una fábula que expone: la fábula del asno que tocó la campana de la ingratitud por casualidad. Con tal historia parece pretender que las personas deben siempre prevenir para no cometer delitos indirectos contra la humanidad, entendiendo como delito indirecto, en este caso, el abandono de un animal.

Kant constató que, en la Inglaterra de su época, los carniceros, médicos o cirujanos formaron parte de los jurados en los tribunales por entendérseles demasiado próximo al fenómeno de la muerte, y así relaciona la familiaridad con el sufrimiento animal o humano como una característica de la personalidad incompatible con la disposición de ánimo adecuada en quien ha de dictar justicia. 

Representantes de la teoría de los derechos de los animales

Junto a la posición de Kant han existido otros criterios de filósofos, activistas y estudiosos de los derechos de los animales que son totalmente diferentes. Por ejemplo, está Bentham que, aunque no considera a los animales como poseedores indirectos de derechos morales como establece Kant, reconoce que sí son objetos de derechos por su capacidad de sentir dolor. Por tanto, si los animales son sintientes como los humanos, los intereses de estos deben ser tenidos en cuenta. Tal planteamiento parece asemejar a los animales y humanos, pero Bentham se aleja de esta premisa pues plantea que la muerte es un daño menor en los animales que en las personas. Incluso, confiesa que para los animales es mucho mejor morir a mano del ser humano que morir por muerte natural.

Un sucesor de Bentham, hasta cierto límite, y uno de los activistas más conocidos dentro de los movimientos actuales en defensa de los animales es Peter Singer, profesor de Filosofía y especialista en Bioética. Con su primer libro, publicado en 1975 bajo el título Animal Liberation (Liberación animal), emplea los términos de seres humanos y animales no humanos, además, critica lo que él llama “especismo” o creencia en la superioridad de una especie, en este caso el hombre, sobre las demás. Al igual que Bentham, Singer reconoce que los seres humanos y los animales no humanos son sintientes y, por ende, los intereses de los animales deben ser tenidos en cuenta junto con los intereses humanos. No obstante, presenta una diferencia entre ambos: los seres humanos tienen la capacidad de pensar en un futuro lejano, por tanto, son capaces de sentir un mayor sufrimiento o felicidad que los animales no humanos. De esta forma, aunque con su punto de partida utilitarista, valida tanto los intereses de los animales como el de los humanos, en realidad sigue una jerarquía donde los seres humanos son privilegiados sobre los animales no humanos. 

Debido a que Singer ve en los animales la capacidad de sufrir, semejante a los humanos, les confiere ciertos derechos y desarrolla el principio de minimización del sufrimiento animal, o sea, los animales dispuestos para el consumo humano deben sufrir lo menos posible y tener un sacrificio certero. Años más tarde, en su prólogo al libro In Defense of Animals (En defensa de los animales), expone su convencimiento de que la lucha por la defensa de los derechos de los animales es un intento de extender los horizontes morales, haciéndolo en este caso más allá de nuestra propia especie. 

Mientras que Bentham y Singer le atribuyen ciertos derechos a los animales por la capacidad que tienen de ser sintientes, Tom Regan va un poco más allá y les confiere derechos morales, aunque sean seres irracionales. Regan hace un análisis de la perspectiva de Kant, para quien los animales poseían solo un valor moral indirecto, y concluye que los animales tienen derechos morales porque tienen la cualidad de ser sujetos de una vida. 

Las valoraciones que brinda sobre el tema se pueden encontrar en The Case for Animal Rights (El caso de los derechos animales). Allí argumenta que lo fundamental en cuanto a derecho no es el razonamiento, sino el hecho de que cada ser vivo tiene una vida que posee valor, con independencia de si es humano o no. Para Regan tener vida, deseos, memoria, era suficiente para poseer derechos y no ser tratados como un medio para los fines de otros. No obstante, aunque Tom Regan confiere derechos morales a los animales y, como Singer, condena actividades como la ganadería industrial, frente a un conflicto de intereses entre hombres y animales, privilegia a los seres humanos.

Otro enfoque que vale la pena considerar es el de Gary Francione, que se nutre tanto de Singer como de Regan. Francione asume que el ser sintientes, o sea, capaces de sentir placer y dolor, es el único requisito para tener un estatus moral. La gran diferencia de Francione es que no establece ningún privilegio: los intereses de un animal no humano son iguales de importantes que los intereses de los seres humanos, aunque el animal no humano no tiene que ser tratado específicamente como un humano. Al considerar el interés del animal en no sufrir de forma igual al interés del ser humano en no sufrir, no es partícipe de la minimización del sufrimiento, sino que aboga por invalidar el estatus legal de los animales como propiedad. 

Además, otra consideración que le aleja de Singer y Regan es afirmar que todo ser sintiente tiene interés en continuar existiendo, o sea, a los animales les interesa no sufrir y seguir con vida. Esto conlleva la eliminación del uso de animales para satisfacer a los humanos: la matanza para el consumo humano, la cría de animales para ser usados en la producción de vestimenta y otros productos, la experimentación y entretenimiento con ellos, e incluso el uso de animales como mascotas.

Apuntes finales sobre la teoría de los derechos de los animales

Unas de las cosas que más genera conflictos en la teoría de los derechos de los animales es el uso de la categoría “derechos”, la cual siempre se había usado para personas naturales o jurídicas, y el considerar a los animales como sujetos de derechos, aunque sean seres no pensantes o sin razonamiento.

Quienes militan en las concepciones de los derechos animales (activistas, filósofos, abogados, intelectuales) ponen los intereses fundamentales de los mismos a la par de los intereses de las personas, e incluso, en algunas ocasiones, por encima de estos. El trabajo que realizan es persuadir al público con sus ideas, captar la atención mediática hacia la temática animal, ya sea con manifestaciones, movilizaciones en las redes sociales o propaganda para obtener la atención de los medios y poder transmitir un mensaje más fuerte y serio. Exponen como base de sus fundamentos que a los animales no se les concede ningún valor intrínseco más allá de que los mismos tienen valor legal en relación con su utilidad y critican que las normas encargadas de la protección de los animales (penales o administrativas) están basadas en la condición del animal como objeto de propiedad, del que se tienen algunas responsabilidades, pero no se les da una verdadera importancia como seres vivos que son.

Por último, es importante comentarles que muchos de los que abogan por los derechos de los animales tienen dietas vegetarianas o veganas, rechazando el especismo del que habla Peter Singer en su obra. Otros suman a esta decisión el no usar ropa, zapatos y otros accesorios que en su confección incluyeron animales. 

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