Carta de un refugiante

Leo Benítez con su perro Simba. (Cortesía del autor)

Por Leo Benítez

Mi nombre es Simba, aunque mi humano me llama por muchos nombres como: el Pou, Paneko, Orejas, Poncio Pilato, Braulio, etc. (no sigo porque necesitaría hojas). Nací el 14 de agosto de 2004, al menos eso es lo que dice Leo (mi humano) para que cumplamos en el mismo mes y seamos el mismo signo. Él en realidad no se acuerda, llevamos juntos desde que cursaba cuarto grado. Mi mamá humana cuenta que cuando me encontró era una bolita de churre (soy blanco casi completo, solo con dos manchitas negras en mis ojos), me llevaron para la casa y me bañaron mientras Leo estaba en la escuela para darle una sorpresa al virar ese día. Mis primeros años los viví en Los Pinos, donde me dejaban salir solo ya que me enseñaron a no hacer mis cositas en la casa. Era muy responsable me pasaba rato fuera y siempre volvía, a veces negro por revolcarme en algún basurero, o después de uno o dos días por estar siguiendo mi instinto amoroso. Casi todos los fines de semana me iba con Leo para casa de su papá en Miramar, donde me encontraba con mi amiga de toda la vida Manchi, una perrita dálmata muy noble y cariñosa.

Después de varios años me mudé para Lawton, pues Leo se estaba haciendo grande y necesitaba su espacio, espacio en el que siempre hay un lugar especial para mi, su hermano. En esta etapa ya me volví un perro de casa porque hay un paradero de ómnibus a dos cuadras y temen que me puedan arrollar debido a la cantidad de actividad en las calles, por eso siempre me sacan a pasear con correa, no obstante, de vez en cuando, si dejan la puerta abierta utilizo mi técnica de sigilo y me escapo, pero siempre se dan cuenta y me recogen rápido.

No me gusta para nada el agua, nunca había visitado el monstruo azul que llaman mar y tanto le gusta a las personas, pero Leo se empeñó en llevarme un verano

No me gusta para nada el agua, nunca había visitado el monstruo azul que llaman mar y tanto le gusta a las personas, pero Leo se empeñó en llevarme un verano y me metió con él en el agua casi obligado, bueno, ¡obligado! Salí al momento y más nunca me volvió a someter a tan mala experiencia, él me entiende y me cuida mucho, lo único bueno de ese día fueron nuestras
fotos en la arena. Aunque no soy de enfermarme mucho, últimamente sí lo he hecho, ya soy un viejito, cosas de la edad, siempre me llevan al veterinario, que me da mucho miedo, pero sé que es por mi bien por eso me comporto cuando me inyectan, nunca se quejan de mí los doctores.

Me gustan mucho las cosquillas y la comida, sobre todo las chucherías, las galleticas, el chocolate (no me dan casi porque me hace daño, dicen) lo que no me gusta es que me confundan con una perrita cada vez que salgo a la calle, siempre dicen: ¡Qué linda la perrita!

Por último, y como uno de mis rasgos más característicos está que dejo todo lleno de pelo, la casa entera, no hay un lugar hair free, ni ropa, y cada persona que pasa por aquí se lleva su dosis de pelos, así que, si piensan visitarnos, ¡no lo hagan con ropa negra! Pero de igual manera que lleno la casa de pelos blancos, también la lleno de amor y alegría, !y para todos a mi alrededor!

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