Matanzas: el secuestro perfecto y las segundas oportunidades


Los rescatistas victoriosos trasladando a los perros hacia el refugio Huellitas de mi ciudad. (Fotos cortesía BAC)

por Thalia Alonso

El hedor a muerte no sale del aire. Para ellos, este ha sido el día de los lanzamientos: primero y brutalmente contra el carro de recogida; algunas horas más tarde, en aquella celda en medio del monte. El escaso espacio amontona más de una docena de perros. Los más delgados lograron escapar entre los barrotes, mas no son la mayoría. El resto esperará la muerte.

Provienen todos del Hospital Faustino Pérez, en Matanzas. En la mañana del 23 de mayo y ante la espera de una visita sorpresa, de esas que se avisan, los captores de Zoonosis llegaron para llevárselos. No entiendo cómo alguien puede disfrutar este tipo de profesión, pero, según testigos, el nasobuco reglamentario por estos días no era suficiente para cubrir la cara de satisfacción de quienes acometían la tarea. Lorena Rodríguez Hernández, coordinadora principal de la red Bienestar Animal en Cuba de la provincia, cuenta al respecto: “Un captor irrumpió en el Cuerpo de Guardia y agarró a un perro de manera agresiva ignorando los reclamos de muchos del personal de salud que estaban ahí. Cuando empezamos a hacer las fotografías para la denuncia del hecho, uno miró a otro con complicidad y le dijo: ‘sonríe que hoy salimos en las redes’”.

El resto de los sucesos es fácil de imaginar para los protectores, pero lo relato de igual forma: negativa de los funcionarios a entregar los animales en el acto —todo esto entre risas—, la desaparición del carro entre las calles de la ciudad y la negativa, por parte de las autoridades provinciales, a desvelar la ubicación de la sede de Zoonosis y, por tanto, el paradero de los peludos. 


Los perros se encontraban en esta jaula en condiciones deplorables.

De acuerdo con Ivania Hernández Alonso, coordinadora de BAC en Matanzas, el grupo de protectores reunido contactó con varias entidades gubernamentales, entre ellas el Centro de Higiene y la sede del Minagri: nada. “Todos protegían la dirección y el teléfono de Zoonosis provincial, no querían ayudarnos. Unos nos dijeron que estaban por el camino a Las Cuevas, otros nos mandaron para el crematorio. Vagando por todos los sitios posibles llegamos al Contingente, un lugar cerca de la Facultad de Ciencias Médicas”.

Allí, los rescatistas encontraron ayuda. Dos jóvenes les condujeron entre la maleza hasta el lugar donde se encontraban los animalitos. “Aunque había más celdas, estaban todos en una de apenas un metro cuadrado. En la entrada, alguien les había puesto agua y comida; por suerte los trabajadores de zoonosis no estaban allí” —continúa Ivania.

Para los habitantes más cercanos, el proceso se repite. En cada recogida, los canes pasan a ese lugar en medio del monte, donde permanecen por días, a veces semanas, en pésimas condiciones higiénicas y sin alimento alguno. El objetivo principal es que mueran en esta primera fase; pasado ese tiempo, los funcionarios exterminan a los sobrevivientes y arrojan sus cadáveres en las inmediaciones del lugar. Según los vecinos, “el olor de los restos en descomposición es permanente y hace prácticamente imposible respirar”.

Hoy y siempre #AbajoZoonosis

Hablar de Zoonosis como entidad gubernamental le provoca indignación a cada amante de los animales. Aun cuando está demostrado que el exterminio masivo de perros y gatos no es solución ni método de prevención óptimo contra la rabia, el Estado cubano se empeña en mantener su fábrica de genocidio.

Para este trabajo, dediqué horas a comparar el protocolo de actuación contra enfermedades zoonóticas de países como España, Colombia y Argentina con el nuestro. En todos ellos se habla de vacunas preventivas, de esterilización como método de control poblacional y de sacrificio en caso de infección animal. El nuestro, que data de 1997, solo contempla la aniquilación desmedida con estricnina. 

En entrevista para la revista Bohemia, la directora del Programa Nacional de Zoonosis, Jusayma Caridad González se muestra como una persona incomprendida: “A uno le duele muchísimo que no se le reconozca su trabajo, porque está tratando de proteger la salud del pueblo”. Pregunto: ¿de qué trabajo estamos hablando? ¿Asesinar sin mesura alguna merece un reconocimiento? 

En el mismo espacio la funcionaria reconoce que el sacrificio no tiene como objetivo “controlar la población”, sino reducir la incidencia de enfermedades como la rabia, sin embargo, el país presume de haber tenido solo dos casos de esta dolencia en 20 años.

Como si esto fuese poco, los métodos no son los más adecuados. De acuerdo al manual Controles de Foco en la Atención Primaria de Salud, “la captura deberá realizarse evitando maltratar a los animales durante los operativos”. No obstante, cualquiera que haya presenciado alguna coincidirá conmigo en el circo de horror en que se convierte cada recogida.

Solo el empleo de un método cruel, alejado de los más mínimos preceptos éticos, se ejecuta a cabalidad; por lo demás, la disposición legal no se cumple a casi ninguna escala. Los consultorios y policlínicos, donde está dispuesto que se facilite la vacuna antirrábica a los propietarios, no la ven hace años. Niurka Rodríguez, quien se desempeña hace más de una década como enfermera en un centro de salud del Vedado, no recuerda haber realizado ninguna campaña:

“No tenía idea de que estaba así dispuesto, aunque considero un exceso de trabajo para los profesionales de la salud el hacernos ir casa por casa —posibilidad también contemplada en nuestro Programa de Prevención y Control de la Rabia. Creo que la existencia de jornadas regulares en los centros de atención primaria ayudaría a tener un control real sobre las especies y comprometería más a los propietarios en el cuidado”.

La vacunación y esterilización de las mascotas dependen de los centros de veterinaria, afectados por la escasa disponibilidad de medicamentos y personal. Bajo condición de anonimato, una de las asistentes de la clínica situada en Carlos III explicó: 

“Muchas veces los dueños salen descontentos pues nosotros no disponemos de algunas vacunas y antibióticos. En el caso de las esterilizaciones, las listas de espera son larguísimas, de dos meses en adelante. Diariamente, realizamos menos de 10 intervenciones de este tipo; solo las que dan tiempo en la mañana, pues a partir de la 1 p. m. nos quedamos sin especialistas en esa área.


Los nuevos integrantes del refugio luego de las primeras atenciones.

Nos toca a los protectores entonces. Distintos refugios a lo largo del país se auxilian en veterinarios voluntarios, mientras que grupos más grandes como Cubanos en Defensa de los Animales (CeDA) organizan, con recursos propios, campañas masivas de esterilización, vacunación y adopción.

“El pasado año nosotros hicimos 976 esterilizaciones gratuitas, así mismo ayudamos a casi 2500 mascotas. Dentro de esta labor se cuenta rescate, atención veterinaria y entrega de medicamentos”, explica Sergio Boris Concepción, coordinador de CeDA. 

“El grupo realizaba rescates constantes en la sede capitalina de Zoonosis. A partir de la huelga de noviembre, el volumen de animales recogidos en la ciudad disminuyó considerablemente y fue bajando a medida que los protectores ejercimos más presión. Actualmente manejamos solo los reportes que nos llegan directamente pues, en cuanto a recogida para exterminio, la capital está más tranquila”, añade Sergio.

Por su parte, la red de protección animal BAC también está desarrollando un trabajo increíble. En tan solo cuatro meses, ha efectuado varias centenas de rescates y más de 230 adopciones exitosas. ¿Cómo es posible que un grupo de personas —en su mayoría jóvenes— sea tan eficaz dándole una segunda oportunidad a los peluditos, dejando a Zoonosis desarmado? 

Queda demostrado así que la barbarie no es el único camino, entonces ¿por qué mantenerlo?, ¿no sería más fácil que el Estado copiara otros métodos? Desde luego, pero esa es una conversación sostenida hasta el cansancio.

Durante aquella reunión conocida por todos, en la que, por primera vez, los protectores tuvimos voz ante las autoridades encargadas del genocidio de nuestros callejeros, se realizó el ofrecimiento formal para trabajar de mano de las entidades estatales en pro de una mejora sustancial de la vida de nuestros callejeros. La ayuda no fue aceptada.

Secuestro y final feliz

No imagino la cara de sorpresa de los trabajadores de Zoonosis al llegar al Contingente y ver la jaula vacía. Con ayuda de los moradores, los jóvenes rescatistas se llevaron a los de cuatro patas hacia el refugio Huellitas de mi Ciudad.

Esa labor no fue fácil y más de uno tuvo que correr, pues, traumado por la situación que acababa de vivir, Titán huyó despavorido de los protectores. Aunque no se quedó en el refugio, los muchachos no pueden olvidarlo.

Su mirada detenida en el suelo se convertiría más tarde en el rostro del #AbajoZoonosis, un reclamo que recorrería el mundo en los cuerpos de un montón de cubanos. Además, lideraría, junto a Esperanza, esa súplica por una ley capaz de velar por sus intereses y devolverlo a los brazos de su familia, como lo hicieron los rescatistas esa tarde. Ivania dice que parecían haber cambiado de perro. De taciturnos y sumisos, sus ojitos pasaron a llenarse de una alegría sin límites cuando él, llevado por accidente, se encontró con su dueño otra vez. 

El resto de los animales fue tratado de inmediato. “Algunos estaban enfermos de la piel, pero ya están en recuperación. Según una vecina del contingente, los más delgados escaparon por entre los barrotes y supongo que volvieron al hospital, pues Lorena me dijo que hay algunos por allá luego de la recogida. Ella misma tramitó la adopción de tres de ellos y continúa cuidando a los demás. La suerte fue que no lograron matar a ninguno”, suspira Hernández, aliviada.

Las noticias del refugio son alentadoras. Los nuevos inquilinos, nombrados por un fanático de La casa de papel, se adaptan a su nueva vida y los cachorritos de Fernanda ya fueron adoptados. Como en la serie española, los chicos de BAC ejecutaron un atraco perfecto, dándole otra oportunidad al botín de colitas y ladridos. 

El hedor a muerte del Contingente —y de Zoonosis— permanecerá dormido por un tiempo, ojalá hasta ese añorado noviembre, cuando tengamos las herramientas necesarias para que no despierte jamás.

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  1. Disponible en Pérez, Raúl; Manuel Santin; Raúl Juztiz; Miguel A. Galindo y otros: Controles de Foco en la Atención Primaria de Salud, Ministerio de Salud Pública, 2012.

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