Armar y amar a Lego

Lego estaba abandonado en las calles en condiciones críticas de salud. (Fotos Sergio Boris)

por Beatriz Batista

En las calles de Cuba vagan almas en penas, almas olvidadas, almas que andan en cuatro patas. Ellas tienen diferentes colores, tamaños, personalidades, pero similares historias e idénticas miradas de desolación. No tienes que ver a través de sus ojos, no tienes que sentir un amor o pasión profunda hacia ellas, es solo tener un ápice de humanidad para saber que, sin hablar, sin tener voz, estas almas gritan. 

Eran las 4 pm del 22 de abril, Ana Rosa salía del mecánico, detuvo su vista en una esquina; ¡y no cualquiera!, sino en la esquina donde hacía dos días un carro le había matado a una de las perritas que ella alimentaba. De repente, escuchó a un vecino del lugar azorando a un perro: “¡Dale, perro sale!” —le decía con desprecio. 

A Ana se le oprimió el pecho cuando vio las condiciones de aquel animal. Era un dálmata, pero apenas se le notaba su pelaje blanco y sus manchas negras, estaba en unas condiciones críticas de salud. La protectora se le acercó y el maltratado se dejó acariciar; bebió toda el agua que le dio. Ella le indicó que subiera al carro y se montó como si lo conociera de siempre. Luego de reportarlo a BAC (Bienestar Animal Cuba) y ser publicado en su página de Facebook pidiendo un hogar temporal, lo llevó a una veterinaria para que le diera los primeros auxilios y justo, en ese instante, recibió una llamada: “lo queremos completo, no para darle hogar temporal, ni cobrar por tránsito; lo queremos adoptar en esas condiciones”. 

Lego recién adoptado, mirando profundamente a su hermano humano. 8 de mayo, no había pasado un mes y ya se le notaban los cambios.

El perrito no llevaba ni cuatro horas con Ana y ya tenía una familia. ¡Qué felicidad! “Me pareció ideal; lo mejor que le pudo pasar fueron ellas”, afirma su rescatista. Beatriz Gloria Abella (madre) y Patricia Sánchez Abella (hija) se convirtieron en sus nuevas heroínas. 

A Beatriz y Patricia siempre les ha gustado mucho transformar a los perros. “Somos felices aceptando casos donde están muy maltratados y revelando la belleza que tienen; no hay uno que no llegue a ser hermoso”, cuenta Patricia. Ambas son como el alfarero y el barro, al principio es tierra, pero con dedicación, tiempo y mucho amor se trasforma en una obra de arte; la diferencia está en que ellas devuelven la vida. 

El nuevo integrante ocupó el número 15 en la casa de las Abella. Lo pusieron en el patio central, apartado de los demás peludos. “Él estaba muerto de miedo, ¡solo Dios sabe las cosas que había pasado ese animalito en la calle!”, recuerda una de sus madres adoptivas. 

El primer paso era alimentarlo bien y ponerle vitaminas. No lo desparasitaron al llegar porque su cuerpecito no iba a soportar una carga de medicamentos. Ana Rosa, su rescatista, estuvo todo el tiempo preocupada por él, incluso le llevó un kit completo de primeros auxilios, así como comida. La protectora Vivian Bravo, al enterarse de la situación del perro, gestionó la tableta simparica, cortesía del veterinario Spanky, y enseguida hizo efecto en él. 

¿Cómo nombrarle? Hubo muchos nombres que les gustaban. Pensaron en Dalí por los cuadros surrealistas de los elefantes con las patas largas, pero se decidieron por Lego porque tenían que armarlo, era como un puzle para organizar sus piezas. 

La piel de Lego, a medida que pasaba el tiempo, fue mudando, a tal punto que se le llegó a caer todo el pelo. Poco a poco fue tomando confianza y logró unirse a la manada. Se volvió extremadamente cariñoso y meloso. Su cambio fue tan radical que, de no tener fuerzas ni para ladrar, ahora lo hace con un tono fuerte y lleno de seguridad. 

Ellas, a lo largo de su labor como protectoras de animales, han tenido muchos dálmatas, pero Lego, de todos, es el que ha tenido las patas más largas. “Como tiene las patas tan largas es quien les roba todo en la cocina. Él no tiene límites y nosotras tampoco somos mucho de educar perros, aquí todos hacen lo que ellos quieren realmente. En cualquier lugar que se para en dos patas coge todos los objetos y, como es tan noble y cachorro, las demás perritas adultas de la familia le quitan todo lo que él agarra”, comenta entre risas Patricia.  

El 18 de mayo fue un día desesperante para la familia: Lego se escapó. Patricia estaba en un mercado y recibió la triste llamada de Beatriz lamentando la desaparición de Lego. Realizaron una búsqueda grande por toda Playa. Las personas en la calle les iban indicando dónde lo habían visto por última vez: en 3era, en 7ma y 42, en 19, 42 y 21, eran algunos de los sitios.

El mayor miedo para ambas era que alguien lo cogiera, pues, al ser un perro de raza, lo podían vender o usarlo para reproducir y sacar dinero de sus crías. Patricia publicó un anuncio en Facebook pidiendo ayuda y, milagrosamente, la llamó una muchacha, cuyo nombre era Aimé, diciendo que se encontraba en 70 entre 9na y 11, Playa. ¡Lego había caminado muchos kilómetros! Patricia le pidió que lo atrapara pues él no era arisco, no mordía y tenía puesto su collar para sostenerlo. Efectivamente, Aimé lo agarró y lo retuvo en su casa hasta que sus dueñas llegaran. “La alegría de Lego fue la mayor demostración de amor: lloraba y se ponía en dos patas, y mi mamá lloraba a la par porque todos sus peludos son sus hijos, dice Patri. 

Cumpleaños de Patricia, en el que Lego le robó protagonismo. Se paró en dos patas junto al cake para que le tomaran una foto. 29 de mayo, luego de un mes y una semana de ser adoptado.

Beatriz y Patricia siempre se han preguntado cuál era la vida de él antes de llegar a su casa, qué le pudo haber pasado, de dónde había salido, más que es un perro de raza. Piensan que él debió pertenecer a una familia que lo quiso mucho porque es su forma de ser, es malcriado y no tiene problemas con las personas. Todo indica que se escapó de su hogar porque, cuando la manada de las Abella sale, todos regresan menos él. 

“Lego, para nosotras, es un hijo más en la casa. De hecho, para nosotras, los perros son personas iguales a los humanos, tienen los mismos sentimientos. Son capaces de percibir cuando nos sentimos mal, y se estresan cuando nos estresamos. Lego, en esencia, es algo más que una meta, es un triunfo porque es un perrito que iba a morir y que ahora es completamente diferente. Es la demostración de que con amor, cariño y paciencia se pueden lograr cosas muy lindas. Lego es la prueba de cómo uno puede revivir a un animalito y hacerlo feliz”, explican sus heroínas. 

 

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