La ley judía y los animales

El judaísmo es una religión monoteísta que se basa en el libro la Torá. (Fotos Enlace Judío)

Solo ha pasado un día desde que nació la ternerita. Ella muge, muge y muge; la separaron de su madre ¿Por qué? La madre es una vaca lechera, no le permiten amamantar a su hija…

por Beatriz Batista

En la Torá, en Levítico 22:27 dice: “Buey, cordero o cabra, cuando naciere, habrá de estar siete días con su madre y desde el día octavo en adelante será aceptado como ofrenda, sacrificio ante mi Señor”. Si bien para los animalistas esto es considerado un maltrato animal y a pesar de que el tiempo es muy corto, hoy día se acostumbra a dejar al ternero/a al menos dos semanas con su madre.

Por otro lado, el sabio Maimónides —Rambam— dice: “El dolor de los animales bajo tales circunstancias es enorme. Así no hay diferencia en este caso entre el dolor de los humanos y de otros seres vivos, ya que el amor y la ternura de una madre por su cría no es producida por la razón sino por el sentimiento y esta facultad existe no solamente en los humanos sino en muchos seres vivos” (Guía de los perplejos 3:48).

El judaísmo es una religión monoteísta que se basa en el libro la Torá, o Pentateuco, es lo que se conoce como los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Se caracteriza por respetar la voluntad de Dios para la humanidad, la cual se expresa en los mandamientos de la ley. Esta prohíbe matar innecesariamente a un animal, incluso insectos, solamente en casos de defensa de la vida o protección de la salud humana. 

Los textos del Talmud expresan la aversión de la religión judía en relación con los deportes como la cacería de animales y el toreo. Además, veda practicarles intervenciones quirúrgicas sin necesidad (mutilaciones), como cortarles las orejas o colas a los perros u otras cirugías. Por otra parte, es válido aclarar que no existe una ley contra la posesión de un animal en esas condiciones antes de llegar al dueño.  Sin embargo, en la actualidad, continúan realizando estas prácticas crueles, así como peleas de gallos y perros, compran y venden artículos hechos con el marfil de los huesos de los elefantes, colmillos sobre todo, y otros materiales provenientes de animales que son torturados solo por vanidad del hombre. 

Si bien el judaísmo no enuncia explícitamente que los animales experimentan el dolor físico o psicológico de la misma manera que los humanos, reconoce el vínculo entre la forma en la que una persona trata a los animales y la forma en la que trata a los seres humanos. La psicología moderna, mediante estudios, comprueba la relación existente entre la crueldad hacia los animales en el niño y la violencia criminal en el adulto, en la mayoría de los casos.

Mucho tiempo antes de nuestra época, en la que se ha puesto de moda la ecología, mucho antes de que el mundo se volviera verde, antes de la aparición de los movimientos en defensa de los derechos de los animales que existen hoy, un antiguo documento abogaba por estos valores y muchos otros. La Torá es la firme roca sobre la que el pueblo judío se apoya y a partir de la cual se ha fomentado la sensibilidad y el respeto por todos los seres vivos, no solo del bienestar del ser humano sino también de la vida animal y vegetal.

Ultra-Orthodox Jews swing a white chickens over their head while they read a prayer in Bnei Brak near Tel Aviv October 5, 2008, as part of the traditional ‘kaparot’ ceremony before Judaism’s holiest day, Yom Kippur. Kaparot is an ancient and mystical custom connected to the Jewish Day of Atonement, Yom Kippur, and can be performed anytime between Rosh HaShana (Jewish New Year) and Yom Kippur. REUTERS/Gil Cohen Magen (ISRAEL)

La prohibición del tratamiento cruel hacia los animales constituye una contribución moral que se adelantó a su época. En el primer grupo de preceptos de origen divino, dados a toda la humanidad al inicio de la civilización —lo que se conoce como las siete leyes noájidas—, se encuentra una ley relativa al bienestar animal: la prohibición de la práctica de comer partes de animales vivos.

En Génesis 33:17 se pone énfasis en la compasión por los animales a través de un acto del patriarca Jacob como pastor: “Para su ganado hizo sucot [cabañas]; por eso, llamó al lugar Sucot”. Jacob se ocupaba de atender y resguardar a sus animales y construyó sucot para que no estuvieran expuestos a la intemperie. Así, todo un lugar fue nombrado en honor a este acto.

Entre los escritos sagrados se encuentran mandamientos en pos del bienestar animal como:

-Está prohibido poner bozal al buey para evitar que coma mientras está trabajando en el campo (Deuteronomio 25:4), pues él debe comer, al igual que los trabajadores humanos, de los productos que se cosechan (Deuteronomio 23:25-26). Desde la perspectiva de la Torá, no hay lugar a dudas acerca de la sensibilidad necesaria en el cuidado físico, así como del bienestar psicológico de los animales. En la Torá hay numerosas citas al respecto. Esta prohibición de ponerle bozal a un toro mientras ara la tierra tiene la finalidad de evitarle el sufrimiento de estar rodeado de comida y no poder comer.

-Se debe liberar de la carga a un animal en problemas, incluso si no somos los dueños, conozcamos o no al propietario (Éxodo 23:5; Deuteronomio 22:4). 

-No está permitido matar a un animal el mismo día del sacrificio de su cría (Levítico 22:28).

-Se ordena específicamente enviar fuera del gallinero a una madre gallina (o cualquier otra ave hembra) antes de tomar sus huevos (Deuteronomio 22:6-7), por la angustia que esto causa al animal.

-“Un hombre no puede sentarse a comer si antes no ha alimentado a sus propios animales” (Berajot 40a). Además, en el Talmud, los rabinos ordenaron que una persona no puede comprar un animal a menos que haya tomado medidas para que no le falte el alimento (interpretación en Deuteronomio 11:15). La Torá exige al hombre poner a los animales antes que a los hombres mismos. 

-Basándose en el versículo: “Y daré pasto en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás” (Deuteronomio 11:15), el Talmud, en el Tratado Berajot 40a, más allá de la mera compasión por los animales, sostiene la ley de que las personas tienen prohibido comer hasta que no les hayan dado de comer a sus animales.

-Este precepto es recordado en la oración central de la plegaria que recita a diario un judío: el shemá, la afirmación de la singularidad de Dios, es considerada el rezo más esencial en el judaísmo, junto a la promesa de Dios de dar lluvias en su tiempo para la cosecha de trigo, mosto y aceite: “Y daré pasto en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás” (Deuteronomio 11:15).

-“Un hombre recto tiene en cuenta la vida de su animal” (Proverbios 12:10). 

-Se ordena descanso en sabbat a todos, incluso a los animales, y lo único que se ordena hacer como trabajo es ordeñar a la vaca para que no sea motivo de dolor el peso de su ubre (Deuteronomio 5:14). Sin embargo, el Shabat se puede interrumpir para rescatar a un animal con dolor o en riesgo de morir.  

A pesar de la existencia de los mandamientos a favor de los animales, queda claro la superioridad del hombre respecto a ellos. La Torá, en particular, le concede al ser humano el dominio sobre el reino animal, beneficiarse de él, ya sea para el trabajo o para el consumo. En palabras del Talmud: “Estas criaturas fueron creadas para servir al hombre y el hombre fue creado para servir a su Creador”.

Dado lo anterior, el rabino Moshe Isserlis dice que, cuando se trata de la curación o para otros fines benéficos, no existe una prohibición de causar dolor a los animales, por lo tanto, se permite experimentar con ellos por el bien de los seres humanos. Según una de las interpretaciones de la ley judía se puede causar dolor a los animales para la investigación científica; otros postulan que, como medida de piedad, se deberían abstener de hacerlo debido a que puede causar que las personas desarrollen una naturaleza cruel. Entonces, ¿se puede originar o no sufrimiento a los animales por alguna causa especial?

Los judíos se guían por la ley kashrut para su alimentación, que designa aquello que es apto para ser ingerido por sus creyentes. Los animales tienen que ser sacrificados de la siguiente manera: degollados con un cuchillo afilado por un carnicero profesional. Los judíos aseguran que esta matanza está diseñada para ser tan rápida e indolora como sea posible y, si hubiera algo que pudiera causar dolor, por ejemplo: una muesca en el cuchillo de sacrificio o un retraso en el corte, la carne no se puede consumir. Desde la mirada animalista, ha subrayado a Europa Press una de las portavoces de Pacma (Partido Animalista contra el Maltrato Animal), Laura Duarte: “Nosotros entendemos que es indiscutible que el animal es consciente durante muchos segundos durante el desangrado, por lo que entendemos que sí hay un grave perjuicio y que sí hay un sufrimiento”. 

Para algunos judíos, posturas similares a la mencionada por la portavoz de grupos contra el maltrato animal, son, a menudo —y sobre todo en Europa—, más fruto de sentimientos antijudíos o antislámicos que preocupación por el bienestar animal, a menos que sean vegetarianos y se abstengan de consumir carnes.

Se ha demostrado científicamente que el sacrificio a la manera de las leyes judías e islámicas es la forma menos cruel de sacrificar al animal. Por presiones de estos lobbies, algunos países europeos tienen prohibida la matanza y la venta de carne halal y kosher, y los creyentes tienen que importar. 

No debemos pasar por alto el kaparot, ritual religioso que cada año realizan los judíos en vísperas del Día de la Expiación. Consiste en recitar una plegaria con un pollo en la mano. El hombre toma un macho; la mujer, una hembra; y la mujer embarazada, tres: un macho y dos hembras (algunas fuentes dicen dos aves de corral: una gallina y un gallo), de color blanco para simbolizar la purificación de pecados, como está escrito: “Y si tus pecados fuesen escarlatas, pasarán a ser blancos como la nieve” (Isaías 1:8). En ocasiones se utiliza un pez, pero nunca se deben utilizar palomas. La costumbre es pasar varias veces el/los animal/es aturdido/s por encima de la cabeza del creyente mientras se recita la siguiente plegaria: “Este es mi cambio, este es mi sustituto, esta es mi expiación. Este gallo (gallina/dinero) irá a la muerte y yo iré a una buena, larga vida y a la paz”. Con lo anterior, se pretende llevar todos los pecados de la persona al animal; algunas de las gallinas son soltadas; otras, degolladas y colocadas boca abajo en una especie de agujero hasta que se desangran.

Más allá de la religión, cada nación debe tener la responsabilidad de proteger a los suyos. En unas existen leyes de protección animal y se cumple salvo ciertas excepciones. En otras naciones también existen, pero poco se cumplen, y en algunas ni siquiera existen este tipo de leyes, como es el caso de Cuba.

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