Los rostros del abandono animal en Cuba

Dennis Valdés Pilar, fotógrafo de la revista


Por Ely Justiniani Pérez


Son las 10 p.m. y Alina se dispone a cerrar la casa. El barrio es bastante tranquilo, pero mejor no descuidar la seguridad. Un carro azul se detiene a pocos metros de su portal. “¡Qué extraño! —piensa—, casi nadie pasa por aquí a estas horas”. El chofer baja rápidamente, lleva un bulto en las manos. Está oscuro, no se distingue bien, pero puede observar que el hombre se agacha frente a un poste de luz, hace algunas maniobras y se retira con las manos vacías. El bulto queda allí, silente, atónito, pero en cuanto el auto arranca comienza a chillar, son aullidos de tristeza, es el llanto de un animal que se sabe abandonado.

Los que dan la espalda…

La pandemia que estremece al planeta también ha dejado a su paso terribles consecuencias para los animales. Las posibilidades de supervivencia han ido en picada para un gran número de gatos y perros callejeros, debido a la disminución de los transeúntes y al cierre de los comercios, donde en ocasiones les ofrecían comida. Situación igual o peor sufren los que han sido recientemente abandonados por sus dueños. Estos, al no estar acostumbrados a una vida en las calles, mueren rápidamente de hambre, enfermedades o, con frecuencia, atropellados.
Tras las sospechas de que el COVID-19 se expandió a partir del contacto con murciélagos y serpientes —teoría que ya ha sido desmentida—, se comenzó a especular sobre la posibilidad de que los animales transmitieran la enfermedad; pero los detonantes mayores del miedo fueron las noticias de una tigresa malaya de un zoológico en New York y un perro en Hong Kong que resultaron positivos al virus.

Ante estos sucesos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Protección Animal Mundial y otras instituciones sanitarias declararon que las mascotas no intervienen en la propagación del virus. Según confirmaron, el número de animales infectados es ínfimo y hasta ahora no se ha podido comprobar que puedan transmitir la enfermedad a los humanos.
A pesar de las reiteradas advertencias en este sentido, el maltrato animal y los sacrificios despiadados han aumentado alrededor del mundo. En España, por ejemplo, las tasas de abandono crecieron en un 25 %, México denunció que los casos de abuso animal durante este período doblaron los de los meses anteriores, Europa registró la matanza apresurada de millones de ovinos y ganado en general y, en América Latina, ha acontecido algo similar con cientos de mascotas, dado que los refugios están saturados y las perreras e instituciones contra enfermedades zoonóticas solo acogen a perros y gatos por unos días, debido a la falta de espacio; luego proceden a realizar la eutanasia.

Contradictoriamente, las compras de cachorros por Internet han aumentado, pero también los reportes de perros atrapados en apartamentos que han muerto de inanición durante la estancia de sus dueños en los hospitales.
En Cuba, aunque no hay registros oficiales de la situación animal, se percibe un aumento de los casos de abandono y varios medios de prensa, artistas y figuras públicas han hecho llamados a proteger a nuestras mascotas y devolverles, a pesar de las dificultades, el mismo amor que ellas nos han profesado siempre.

***

Alina Silveira tiene a su cargo siete gatos y cinco perros. Tres de los últimos aparecieron durante la cuarentena: “Uno es un cachorrito sato que encontré cerca de un basurero y el otro es un dálmata de tres años que adopté hace par de semanas: lo tenían amarrado bajo sol y lluvia porque sus dueños ya no lo querían. Según ellos, iban a sacrificarlo si no aparecía pronto alguien que lo adoptara, así que no lo pensé dos veces cuando una amiga me avisó. Siempre que esté en nuestras manos debemos garantizarles a los demás la posibilidad de vivir” —afirma.

Dennis Valdés Pilar, fotógrafo de la revista

Con el pequinés albino que dejaron hace un par de días atado a pocos metros de su puerta, Alina suma ya el tercer rescatado de estos meses: “Un hombre bajó de un carro la otra noche, lo dejó ahí amarrado y siguió su camino. Esperé un rato para ver si volvían a recogerlo, pero a las pocas horas decidí traerlo a casa. Estaba a punto de empezar a llover y sabía que lo había abandonado”.
Un sondeo realizado por El Refugio, que incluyó el seguimiento de las publicaciones de diez grupos de Facebook relacionados con las mascotas y abarcó a más de 100 personas, entre ellos protectores y miembros de instituciones cubanas por el bienestar animal, arrojó que al menos 130 perros “caseros” han ido a parar a las calles entre los meses de marzo y agosto.

Se trata de perritos mestizos o de diferentes razas que son encontrados con collares o que presentan evidencias claras de que en algún momento pertenecieron a una familia. Algunos están en muy malas condiciones nutricionales, con parásitos internos y externos y/o enfermedades en la piel, que pueden ser la causa del abandono o la prueba de que ya llevan largo rato en las calles. Aunque existe también la posibilidad de que se hayan perdido o escapado, rara vez coinciden las características de los peludos hallados con las fotografías de los que se reportan como desaparecidos.

Como causas principales del abandono animal se pudieron identificar: la migración o mudanza de propietarios a lugares más pequeños, llegada de un bebé o crecimiento de la familia, dificultades económicas o materiales, problemas de adaptación de la mascota a las personas o viceversa, o al lugar en el que viven; o solo por resumir: por la frivolidad y egoísmo humano. En menor medida está también el ingreso del dueño en hospitales o su defunción.

“Lo cierto es que estas causas muchas veces son solo excusas de personas que pierden el interés por la mascota y, aunque algunos se ocupan de dar a su perro o gato en adopción responsable, a otros ni siquiera les interesa las manos a las que irá a parar” —comentó en un grupo de Facebook la usuaria Vivian Pérez.

Leila León, otra amante de los animales, escribió en la misma red social que le resultaba inadmisible que una persona deje a un lado a su mascota, sobre todo una con la que ha compartido varios años de vida: “Uno debe asumir una mascota con el mismo compromiso que asume a un hijo: si un hijo se enferma uno no se deshace de él, si te mudas o emigras tampoco lo dejas atrás indefinidamente, no lo botas si es travieso, no lo regalas aunque tu economía se apriete y si por algún motivo caes en cama o alguna dificultad extrema te impide alimentarlo o cuidar de él, entonces velas por que esté con las mejores personas posibles; nunca te separas del todo. El que no lo haga así no ama a su animal, es un irresponsable o lo tiene por simple vanidad”.

Dennis Valdés Pilar, fotógrafo de la revista

Aunque no de forma tan reiterada como la dejadez y el maltrato físico, varios veterinarios han denunciado en este período los intentos de sacrificio a animales sanos o a algunos enfermos, pero que tienen posibilidad de salvación. “La situación es desesperante, lo sabemos —expresa Luis Acosta Martínez, veterinario del municipio Boyeros—, es muy difícil encontrar alimento adecuado para nuestras mascotas y la vida, en general, se ha vuelto cada vez más cara. El país carece de medicamentos de uso veterinario y muchas veces tenemos que suministrar los diseñados para humanos, que también son difíciles de encontrar.

Al bolsillo del cubano le resultan costosos los tratamientos y también para nosotros es duro trabajar en estas condiciones, pero bajo ningún concepto uno puede dejar de buscar soluciones o descuidar a un animal que tiene altas posibilidades de sobrevivir, y mucho menos pedir que se sacrifique a una mascota que está sana, solo porque no puedes o no quieres cuidarlo. Me parece un crimen total”.

Luis señala, además, que para evitar el abandono o maltrato animal debemos comenzar por una adecuada planificación, incluso antes de comprar o adoptar: “Por mejores que sean nuestras intenciones, no podemos adquirir una mascota así, a lo loco. Antes de acoger a un animal debemos preguntarnos: ¿tengo condiciones para alimentarlo y cuidarlo?, ¿tengo tiempo para pasearlo, atenderlo o jugar con él?, ¿alguien podrá hacerse cargo si no estoy?, ¿qué tipo de mascota debo tener de acuerdo a mi estilo de vida? Y si por alguna razón no llegas a una conclusión positiva después de analizar todas esas variables, entonces es mejor no tener animales, porque de esta forma provocamos más daños que beneficios”.

Los que dan el frente…

Alina prepara la comida para sus mascotas mientras va contando sus historias. Son muy diferentes entre sí, cada uno tiene una personalidad especial. A los gatos les sirve pescado con un poco de arroz y a los perros les prepara boniato con pedacitos de carne y la sustancia de un pollo que acaba de hervir. “La situación está difícil —me dice—, ya no encuentras vísceras, las pescaderías están vacías. Cada día es más duro encontrar comida para uno, ¡imagina para un animal!, pero no los abandono —agrega—, son un pedazo de mí”.

Como Alina, decenas de personas dedican parte de su vida a regalarles un poco de alegría a los animales. En los últimos años hemos visto al bienestar animal volverse un tema cada vez más recurrente en los debates de blogs y redes sociales. En Cuba, organizaciones como BAC, Aniplant y CeDA han surgido de la iniciativa de protectores que intentan crear conciencia sobre la necesidad de proteger a los animales y de luchar por leyes que garanticen su seguridad.

Diariamente, varios animalistas desparasitan, esterilizan y alimentan perritos o colonias de gatos. Algunos han convertido parte de sus casas en refugios, donde llegan a acoger a más de 60 animales. “Es una tarea complicada porque muchos de nosotros tenemos trabajo y destinamos a esto nuestro tiempo libre” —cuenta Gabriela Vázquez, una protectora que se encarga de rescatar, esterilizar y buscarles hogar a los animales que puede. “Muchos de nosotros alimentamos colonias de más de veinte gatos; de nuestros fondos sacamos dinero para comprar su comida y los medicamentos que puedan necesitar. En los rescates tenemos que movilizar a muchas personas para que ayuden con el traslado o con un hogar temporal. Esto, a raíz del coronavirus, se ha tornado más difícil porque apenas hay transporte público y muchos prefieren no salir de sus casas, pero aun así seguimos hacia adelante” —agrega.

Por otro lado, Adrián Ramírez, también protector, cuenta que la parte de las adopciones es casi siempre la más difícil: “Los animales que no son adoptados muchas veces recaen sobre nuestros hombros. Debemos atenderlos por largo tiempo o indefinidamente; incluso, cuando se llevan alguno, le damos seguimiento a la adaptación para asegurarnos que todo vaya bien y que esté en buenas condiciones”.

No todo es gris. Aunque crezca lentamente, va aumentando el grupo de los que dan el paso al frente. Con un simple vistazo a los espacios animalistas en redes sociales, se pueden recoger testimonios de personas que responden ante los problemas de un animal, que realizan donaciones o se interesan por formas de ayudar a los animalistas con mayor carga, veterinarios que atienden de manera gratuita a los heridos o enfermos y otros que prestan sus medios de transporte para los que requieren traslados. “No nos engañemos dice la protectora Gabriela—: no es fácil. Todavía hay gente que puede hacer mucho y no hacen, somos una minoría apoyando una causa muy grande, pero cada día somos más y estamos más involucrados en esto”.

Los que dan el corazón…

Da gusto ver cómo Alina Silveira mira a su familia peluda. Ellos la siguen en masa, la rozan, la lamen, la huelen. Juntos conforman un cuadro feliz que ambienta el hogar y resiste aún frente a las tempestades. Sus mascotas alegran su vida.
Desde casa, esperan la llegada de leyes que un día protejan y alivien a los animales callejeros y hagan justicia por los que un día fueron dejados a su suerte. Se sabe que tanto el abandono como el maltrato animal son dos caras de una misma moneda, son rostros de una sociedad que no ha sido lo suficientemente educada en el respeto a otros seres vivos más vulnerables.
“He tenido convulsiones y perdido el conocimiento y mis perros no paran de ladrar hasta que no viene algún vecino a ayudarme. En otras ocasiones me he sentido mal y no se van de mi lado hasta que me ven recuperada. Mis gatos se sientan a mi lado frente al televisor, como diciendo que ahí están para acompañarme; todos son una especie de terapia que necesito en mi vida. Nunca me podría alejar de ellos, porque son mi familia. Como reza el dicho: amor con amor se paga”.

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