El sacrificio de los que no pecan

Por Beatriz Batista

“Yo no he sembrado corrupción en la tierra, no he pecado ni practico alguna religión, ¿por qué me tengo que sacrificar, por qué mi sangre debe limpiar los caminos que ensucias?” —pregunta un animal que será inmolado en un altar religioso.

Para la mayoría de los yorubas el sacrificio de animales es un acto de respeto, mediante el cual se inicia el ceremonial, pidiendo el permiso y la autorización del orisha para lo que se va a realizar. Posteriormente, se “presenta” el animal en puntos específicos del cuerpo de quien ofrece el acto. Si el ebbo (sacrificio) se está realizando por salud o para vencer una situación, se procede a limpiar el cuerpo de la persona que ofrece el sacrificio con el animal. Durante el proceso de ofrenda se realizan cánticos en honor a la deidad que está recibiendo la ofrenda. Finalizada la matanza, se pide la conformidad del orisha. En los casos en los que la ofrenda es de corazón (no marcada por consulta) los participantes pueden consumir la carne del animal, de lo contrario se deben llevar los animales al lugar que haya sido determinado.

Según Roxana Pérez, practicante de esta religión, en muchas ocasiones maltratan a los animales antes de sacrificarlos, por ese motivo ha tenido discusiones con otros creyentes porque no lo cree justo. “El religioso debe respetar y cuidar al animal antes de ser sacrificado, es su deber ofrendarle al orisha un animal sano y cuidado. Esta es una religión que ha proliferado mucho en los últimos tiempos y como todo lo que en ella se hace tiene un valor económico, hay muchos inescrupulosos refugiándose en ella para lucrar e irrespetar no solo a los animales sino también las más mínimas reglas de educación, convivencia y disciplina social”, afirma Pérez.

María Matienzo lleva practicando toda la vida la religión yoruba porque nació en una casa religiosa. Su abuela y su papá tienen 58 años de iniciados, su padrino 27 y ella 2. Argumenta la religiosa que es un tema complejo la religión yoruba porque pasa por el filtro del racismo y los prejuicios, incluso hacia los practicantes originales. Dentro de esta religión hay muchas corrientes, hay personas que hablan de la regla de Osha-Ifá, hay a quienes no les gusta hablar de la santería y hay corrientes que han decidido regresar a Nigeria y traer lo que fue en su momento la base de lo que se fundó en Cuba como santería: regla de Osha-Ifá. Todas tienen algo de validez según María porque una de sus bases es que se guían por los eggun (espíritus), sin obviar el calificativo de “funcional” que ella le atribuye a la religión debido a que puede resolver un problema de salud, dinero y amor. 

El santero José Despaigne de Centro Habana, quien es ubba (religioso con más sabiduría que oficializa la ceremonia religiosa), confiesa que el sacrificio de animales es importante y obligatorio porque es lo que da el beneficio, mientras más les sacrifiques a los orishas, mayor será el beneficio. “El trato con los animales siempre es con mucho respeto, existen varios patakí (historias) donde se protegen a los animales y se dan explicaciones de por qué se le hace tal cosa o no a cada animal. Cada animal tiene su particularidad en el tratamiento a la hora del sacrificio. Siempre se trata de que el animal sufra lo menos posible, esa es la política que tenemos”.

María es de las que cree que no es necesario siempre realizar el sacrificio animal. “Mientras más sangre uno dé a los orishas más calienta ese camino que tiene que seguir la persona. Hay oddun (signos o letras, como se dice popularmente), por ejemplo, que te dice: no des sangre en un año o en un número determinado de años. Hay problemas espirituales que se pueden resolver con un vaso de agua, con flores y frutas; sucede que hay personas que cuando se hacen una consulta no siempre están convencidas que estos elementos lo puedan resolver”, dice la religiosa. 

El santero cuenta que “los animales dependen del orisha al que uno le vaya a sacrificar. Cada santo come diferente: carneros, chivos, chivas, pollos, gallinas, gallos, pollitos, pajaritos, codorniz e incluso otros animales que están vedados en Cuba, por ejemplo: Oshosi come venado, entonces no se le puede dar porque es muy complejo. En el caso del perro (perro negro) se le sacrifica a varios orishas como Oggun, Osain, al igual que el gato negro; esos son los orishas que mayormente comen ese tipo de animales, depende del patakí que tenga la persona, es decir, el signo”.

Para Matienzo, los sacrificios de los perros y gatos son de marca mayor, se realizan cuando no hay más remedio. “También puedo decir, por ejemplo: San Lázaro, es el dueño de los perros y quien los maltrate puede ser castigado por él. No es una cuestión de blanco o negro, todo tiene matices. Cuando alguien llega al sacrificio del perro a Oggun es porque debe haber pasado por “refrescar a Oggun”, por la manteca de corojo, por un pedazo de carne de res, etcétera. Con los sacrificios a los gatos ocurre igual, tampoco es la primera solución, hay distintos procesos”, expresa la religiosa. 

Despaigne cuenta que esta religión trabaja mucho con elementos de la naturaleza, cada santo se basa en piedras, según el orisha es la cantidad de piedras. Por ejemplo, Oshún, que se sincretiza con la Caridad del Cobre de la religión católica, tiene el número 5, entonces utilizan 5 piedras, esas 5 piedras se le dan de comer al chivo, la sangre del chivo y las carnes se le presentan al orisha como que ya comió y después se reparten entre las personas para que puedan comer. “Los santos deben sentir el sacrificio que uno hace al comprar, ellos no entienden de dinero, ellos saben del sacrificio de animales para sentirse bien y contentos”, afirma José. 

La religión como estructura social, fundadora de casas religiosas, está permeada por intereses. Si en sus orígenes se intercambiaban conchas o raíces, ahora el intercambio se realiza con dinero. Los santeros reciben un derecho por cada acción religiosa que llevan a cabo y no es solamente el matar al animal o llenar el vaso de agua, sino brindar su energía; y el creyente paga por ese derecho.

“El problema del maltrato animal no está relacionado con la regla de Osha-Ifá, más bien está vinculado con el comercio que se ha establecido alrededor y en el que muchas veces no son religiosos los que comercializan. Entonces uno se encuentra a los animales que han sufrido a la hora del sacrificio, animales pequeños que no están aptos para ser sacrificados según sus perspectivas de la vida y relación con la naturaleza. En cuanto al sacrificio animal también existen corrientes que no lo tienen concebido como la relación que se establece con la naturaleza, para ellos es puramente comunicativa”, explica Matienzo.

¿Qué se hace con el resto de los animales? ¿Por qué es habitual ver en las esquinas una ofrenda religiosa? ¿De qué forma se debe hacer la ofrenda? 

Respecto a las ofrendas religiosas argumenta el santero que existe abuso con esa práctica porque, a veces, los religiosos no se dan cuenta de que tiran las ofrendas en cualquier esquina, en el mar, en el río: “Es complejo porque estamos muy divididos y cada cual trata de resolver su problema”, puntualiza José.

“Es una cuestión de disciplina social, la gente tiene que saber que convive con otras personas que no necesariamente tiene la misma afinidad, intereses y prácticas religiosas. Como mismo uno se encuentra un gallo en una esquina, se encuentra una jaba de basura. Por ejemplo: si uno no puede invertir en ir afuera de la ciudad para buscar una ceiba, pues tienes que encontrar la que esté más cercana a un latón de basura para que tengas la garantía de que luego la van a recoger; lo mismo sucede con las ofrendas de las cuatro esquinas. Debemos exigir a los religiosos que tomen en cuenta que viven en una ciudad, que la urbanización hay que respetarla. La gente por lo general ha perdido la perspectiva de qué hacer con los sacrificios, es por ello que uno los puede encontrar en cualquier esquina de la calle, lo cual se contrapone con la idea inicial porque incluso muchos de estos rituales se hacen esperando a que otras espiritualidades vayan a recoger lo que se dejó en el lugar o para que se integren a la tierra, y en el asfalto evidentemente no hay tierra”, manifiesta María.

Lo cierto es que la religión yoruba y los sacrificios están en dependencia de los niveles de interpretación que tenga el sacerdote de Ifá que realiza la consulta, el santero o el padrino/madrina de la casa religiosa y el practicante. 

Según Inter Press Service en Cuba, los practicantes de religiones afrocubanas coinciden en que es posible la eliminación de los sacrificios de animales en los rituales, algo coherente con los orígenes mismos de estos cultos animistas y muy conectados con la naturaleza y sus elementos.

El sitio web Guardabosques, bajo el título de “Babalawos y ambientalistas buscan consenso en La Habana”, abordó el deplorable estado higiénico-sanitario de la provincia, la situación de los pequeños basurales y la colocación de ofrendas religiosas en la vía pública, sobre todo de cadáveres de animales. También ejemplificó la existencia en Cuba de sacerdotes de Ifá que no recurren al sacrificio de animales como es el caso de Fernando Varona Villet, quien dijo que, aunque nadie lo siga, él seguirá dando el testimonio. 

Un comentario sobre “El sacrificio de los que no pecan

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  1. Hay playas, costas y zonas de bosques a los que ya no se puede ir porque está llenos de restos de animales y todo tipo de cosas de este tipo, es parte de la anticultura que se ha impuesto en el país de irrespeto a las más elementales normal de convivencia y disciplina social, cada día es peor y no se toma ninguna medida al respecto.

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