La complicidad de acampar con nuestras mascotas

Compartir estas experiencias nos hace más felices.

 

Por Cynthia de la Cantera Toranzo 

Cuando invité por primera vez a mi novia a un camping le dije que nos llevaríamos a Happy, su perrihijo. Pensó que yo estaba loca. Había que cruzar una ciudad y una provincia, tendría que dormir con nosotras dentro de una casa de campaña, habría que vigilarlo por si se escapaba o se perdía. Pero ya había logrado que Arietty fuera parte de mis excursiones por el monte, pues un día tuve que llevármela porque no tenía quien la cuidara. 

Arietty es muy atlética. Llegó a la casa un día de noviembre hace casi tres años, recogida de la calle y para dar en adopción. Y como ya me había pasado antes con el Mefi, mi primogénito, cuando la vi supe que su lugar era conmigo, juntas. Era tan pequeña que me cabía en las manos. La veterinaria me dijo que tenía si acaso un mes, que estaba cruzada con doberman pinscher, no iba a crecer mucho y que necesitaría ejercicio constantemente. Y así fue. 

Happy, alias el Gordo, es el sedentarismo en perro, tanto, que mi novia y yo temíamos exponerlo a la caminata de 6 km que separan la carretera de la casa de Tomás, ese guajiro al que tanto quieren los excursionistas, en la Sierra del Rosario, Pinar del Río. Es un sendero montañoso, irregular, con piedras resbaladizas, donde el fango, la hierba y los guisasos harían un nido de su pelo largo (es un spaniel tibetano).

Los senderos boscosos son mejores para ellos.

Así que probamos primero llevándolo a un “camping fresa”, un lugar donde no tendría que caminar mucho ni someterse a áreas boscosas o intrincadas. Para ello, escogimos acampar una noche sobre la arena de la playa Jibacoa y llevarlo al día siguiente a escalar el mirador, una pequeña montaña que se vence fácilmente en unos 10 o 20 minutos. Happy estaba tan feliz como su nombre. Corría y se agitaba, pero seguía corriendo.

Contrario a lo que muchas personas piensan, los perros no corren peligro practicando senderismo. Uno puede sorprenderse de sus habilidades natas, aun cuando en casa pasan la mayor parte del tiempo dormitando en el sofá. Se cansan, y es normal, pero mucho menos que nosotros mismos. 

Lo primero que tenemos que garantizar son sus cacharros para el agua y la comida. Existen unos pomos de agua especiales para cuando los transportamos que suelen vender en los puestos de mascotas. Si no tienes uno de esos, puedes darle de beber en un vaso, que irás inclinando a medida que beban. 

Debemos tener en cuenta los caminos pavimentados.

Asimismo, hay que tener en cuenta los tipos de caminos que tiene nuestro viaje. Empezamos cuando salimos de casa. Dentro de la ciudad corremos la misma suerte de siempre, no podremos subirlos a los taxis ruteros u otros particulares donde los choferes no lo permitan, pero sí a las guaguas, algo que puede ser incómodo cuando vamos cargados con mochilas, casa de campaña, etcétera. 

Si el viaje es interprovincial, debemos prepararnos para pasar horas de más en la carretera, pues perdemos oportunidades como los ómnibus Astro o Transtur —que a veces prestan servicios— u otros carros donde no se permite que subamos con nuestras mascotas. Solo los camiones interprovinciales las aceptan. El viaje es más incómodo, pero vamos mejor acompañados.

Ya cuando comenzamos a caminar debemos estar pendientes a los tramos pavimentados. No solo porque existe la posibilidad de que transiten vehículos —incluso cuando sean carreteras desiertas—, sino porque la calle suele estar más caliente y vaporosa y ellos, al ser más pequeños, reciben todo ese calor directamente. Además, sentirán el ardor del pavimento caliente en las almohadillas de sus patas. En estos casos, si observamos que están muy agitados o que toman pequeños descansos con mayor frecuencia, debemos cargarlos. Si en los bordes de la calle hay áreas sombreadas o con hierba esto no será necesario, pues ellos mismos optarán por caminar por ahí. 

Los senderos boscosos son más fáciles, seguros y frescos para ellos, además de que son el objetivo de la experiencia. Ya acá no hará falta cargarlos ni llevarlos con correa o arreo. Ellos querrán seguir solos; andar sueltos por el monte les encanta. 

En estos tramos debemos vigilar si comen algo, aunque por lo general ellos tienen la intuición y el olfato para determinar qué tipo de plantas y frutos comer. El Gordo, por ejemplo, adora darse atracones con cuanto aguacate encuentra caído. 

Lo más importante es la relación que tenemos con nuestras mascotas. Debemos hacerles sentir que a nuestro lado es donde están más seguros y que esta es una experiencia para compartir juntos. Arietty avanza y me espera sin perderme de vista. Me cuida y sabe que yo también cuido de ella. 

Happy mientras duerme bajo la sombra de la casa de campaña.

En el monte los perros suelen sentirse con mayor confianza y, como caminan más rápido que nosotros, puede que se distancien un poco. En esos casos no debemos regañarlos ni gritarles, sino llamarlos amablemente. De lo contrario, sentirán que han hecho algo malo y puede que no regresen al momento, o peor, que se pierdan.

Ya cuando lleguemos al punto de acampada no debemos temer a que se marchen. Habrá momentos en el que no los veremos, pero eso no significa que estén perdidos, sino que andan explorando el lugar y reconociendo los alrededores. Hay que dejarlos ser y confiar en sus instintos, aun cuando sean perros de casa y de ciudad. Eso sí, nunca los pierdo de vista por más de una hora. 

No debemos forzarlos si no quieren bañarse en la playa o en el río. Pueden estar tranquilamente en la orilla; cada cual disfrutando desde su pedacito. Hay que respetar lo que a ellos les sea más cómodo. 

A la hora de dormir es preferible que lo hagan con nosotros, dentro de la casa de campaña. Afuera están expuestos a la frialdad del campo en la noche, a la que no están acostumbrados. Además, si les sucede algo, por mínimo que sea, no lo sabremos hasta la mañana siguiente cuando despertemos. 

Aunque tiene sus inconvenientes, para viajar con nuestras mascotas solo necesitamos organizarnos un poco. La experiencia, eso es seguro, lo compensará. El viaje es más gratificante y creamos otras conexiones y complicidades de las que ellos se sienten parte. Los hacemos más alegres y hasta más obedientes, pues depositamos en ellos la confianza de que anden sueltos y a sus anchas, logramos que se sientan más libres, en un entorno más natural al que se adaptarán, incluso, mejor que nosotros mismos. Los hacemos, en fin, más felices.

……….

3 comentarios sobre “La complicidad de acampar con nuestras mascotas

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  1. Hermoso artículo, hermosas fotografías también, cariños a ustedes!. Pero los animales domésticos no debemos llevarlos a ecosistemas propiamente naturales como bosques, montañas, etc, porque son dañados por nuestras mascotas. Aunque suene genial el panorama con ellos, debemos ser responsables y respetar los ecosistemas, y tener en cuenta que nuestros animales domésticos son seres exóticos dentro de ecosistemas salvajes y naturales que deben ser preservados.
    Existen enfermedades que comparten otros animales del campo con los perros, como algunos parásitos y el virus de la rabia o la bacteria leptospira, que pueden contraerlas al ingerir, lamer, ser mordidos e incluso solo olfatear algunos excrementos, orines o restos de ellos. Los perros también pueden introducir enfermedades como el distemper canino (moquillo), a poblaciones de mamíferos de la zona, provocando el contagio con sus respectivas consecuencias graves. Suponiendo que no estén enfermos sus ladridos y presencia provocan ruido y agresión directa a los habitantes naturales, que se refugiarán, alejarán e inclusive, pueden llegar abandonar sus madrigueras para buscar algunas que consideren más seguras y lejanas de esta amenaza, lo que causa migraciones con riesgo de reducción de poblaciones en insectos, reptiles, aves y mamíferos. Aunque en la mayoría de las zonas naturales no exista una norma escrita, debemos reflexionar el impacto ecológico, de llevar a los perros a “pasear”a ellas. La normativa de enterrar los excrementos humanos a 20 cm mínimo de profundidad para no dañar el suelo, la vegetación y animales debe de aplicarse para los animales domésticos también, en caso de que los dueños omitan las muchas advertencias internacionales de llevarlos a este tipo de ecosistemas.

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