Aires frescos: Savina a salvo

La historia de Savina, una perrita de la Isla de la Juventud
abandonada a su suerte a los 2 meses de vida, recogida de la calle y
adoptada por nuestra familia.

Por Armando Rodríguez Morales

Me llamo Savina. Soy una perrita de 2 años de vida, de color canela claro. No tengo un gran pelaje que digamos, pero siempre estoy limpia y sin garrapatas. Mi nombre proviene de un ventilador mecánico alemán muy usado en las terapias intensivas de Cuba. Mi humano así me puso para tener un recuerdo “viviente” de su trabajo y, como es un nombre bonito, pues yo muy contenta de llamarme así. Él siempre llega de sus guardias hablando de temas de medicina y de cuántas vidas humanas logró salvar; es un noble enfermero de profesión.

Cuando era cachorra y estaba próxima a cumplir los dos meses, fui separada de mi mami y de mis hermanos, abandonada a mi suerte en el parque de La Fe, el pueblo donde vivo. Busqué llamar la atención de muchas otras personas, pero nadie me hacía caso, incluso mi mamá humana me vio hecha un ovillo y con frío en el suelo de una parada en la mañana, mas no fue hasta la noche que pasó junto con su hijo y me recogieron.

Savina recién rescatada

Eran las 8 p.m. en aquel parque en el que solo se veían las pantallas de esas cosas que llaman celular, a los que los humanos viven prendidos. Era una zona wifi. Un joven y su mamá conversaban con una persona por ese aparato. Ellos apagaron la pantalla y ya se iban muy tristes, habían terminado una de esas llamadas de nostalgia y añoranza que a veces tenían. 

Parecía que iba a llover. Ambos se pararon y yo empecé a perseguirles. Una persona que había delante de ellos tampoco me hizo caso. En ese momento la lluvia comenzó a caer y yo me mojaba. Mi humano, con mucho amor, decidió recogerme del suelo. Me taparon con una toalla y me resguardaron debajo de una sombrilla. 

Esa noche dormí en su casa, y en su cuarto. Un vaso de leche y unos pedazos de carne fueron mi primera comida en ese hogar. Desde hacía más de 24 horas no comía nada. A los días de estar allí, decidieron que lo mejor era entregarme a una familia que tuviera una casa más grande y apropiada para mí. Finalmente, me dieron en adopción, pero, durante el primer día en el nuevo lugar, mis dueños me dejaron sola en un balcón. Esa noche llovió y me pasé todas esas horas llorando y con frío. Como mi salvador vivía muy cerca, decidió que me volvería a llevar para su casa. Mi mamá me fue a buscar a ese sitio donde me tenían y cuando mi humano se despertó yo estaba encima de su cama, cama que también es mía ya, ¡ja, ja, ja!

En la despedida de Armando antes de irse a Venezuela.

El tiempo ha pasado. Yo he hecho mis estragos como todo perro, ¡ja, ja, ja!, sin embargo, les he dado mi amor incondicional. Mi humano siempre se preocupa por mí y me lleva periódicamente al veterinario, aunque no me gusta mucho, pero yo me porto bien. 

Hace unos meses, él me dio un abrazo y se tomó una foto conmigo, bajó las escaleras con una maleta y luego de eso no lo vi más. Ahora lo veo por la pantalla del teléfono de mi mamá; es que está cumpliendo misión internacionalista en otro país, combatiendo esa enfermedad pandémica tan mortal, que, ¡por suerte!, nosotros los canes no transmitimos.

Savina junto a su mamá humana

Su mamá, también mía, me cuida muy bien, incluso ahora tengo un nuevo compañero en casa. Hace unos meses, ella adoptó un nuevo cachorro, al que también recogió de la calle y lo salvó. Es tan oscuro como la noche y todos le dicen Negrito, aunque mi humano, desde Venezuela, sugirió que le llamaran Rocky. Nosotros nos llevamos muy bien y jugamos mucho, ambos cuidamos nuestro hogar y nos acompañamos el uno al otro cuando nos quedamos solos.

Ahora Protección Animal Isla de la Juventud y BAC Isla de la Juventud se preparan y se organizan para que mi historia no se vuelva a repetir con tantos otros callejeros, que aún deambulan por las calles de la tierra pinera. ¡Ojalá que todos los perros tuvieran la misma oportunidad que tuve yo!, la de ser adoptada a pesar de ser una perra “sata”.

Dentro de unos meses mi humano va a venir y yo estaré aquí para él. Lo recibiré muy alegre y volveré a dormir en su cama como antes lo hacía. Yo soy una muestra más del amor sincero de una persona hacia los animales.

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